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viernes, 14 de diciembre de 2007

Los códigos, pero no de Da Vinci


¿No les harta cuando algún tema público termina callado porque se alude a que hay códigos internos que deben respetarse relacionados con el ejercicio de una actividad determinada? No me había querido referir al tema de los futbolistas peruanos, primero porque no vale la pena y segundo porque no creo que debamos distraernos en momentos muy especiales donde se discuten otras cosas de mayor valor.

Pero sí me llama la atención que se hable siempre de códigos internos en el fútbol. El entrenador peruano no dice nada para explicar la juerga en nombre de esos códigos internos. Los futbolistas inocentes aluden a lo mismo. Los culpables, amenazan con romper esos códigos si no los exculpan. Pero, ¿es el único lado donde vemos estos cifrados intelegibles para la población? No

El congreso de la república es la otra institución (ja, hay dos congresistas que manejan el fútbol peruano) donde el código de ética se construye por lo bajo, soterrado, y se refiere simplemente a la defensa de los intereses propios a cada congresista. Ni más ni menos. Espíritu de cuerpo, código interno. ¿Alguien lo conoce? Nadie que no haya pasado por allí y que después se lleva el secreto a la tumba.

El ejemplo más pintoresco es el de los abogados. Acostumbrados a poder decir cosas sin que nadie los entienda (Cantinflas debería ser el santo patrono de su gremio), creen que por ser legos en lo legal uno que tragarse sus sapos y quedarse en la ignorancia profunda. Código interno que diferencia, que hace que los demás seamos ignorantes y nos excluye de muchas decisiones.

Es alucinante. Como ciudadanos no podemos exigir que se descubran todos los códigos internos. No podemos obligar a que las mesas no tengan mantel para ver todo lo que ocurre debajo de todas ellas. No podemos prever lo que ocurrirá con temas que nos afectan, porque "las internas" son mas poderosas que nosotros.

Tengo algo de experiencia laboral en varias empresas. En muchas de ellas he visto como la información es un bien estratégico y es lógico que así lo sea. Pero también aprendí a que las cosas que nos afectan a todos, son conocidas pro todos. Que cuando los gerentazos y los dueños ocultan temas a los empleados las cosas salen mal y los objetivos no se cumplen.

En plena era de la información-conocimiento-elección, me vienen con códigos internos. Qué estupidez. Propongo, como sugerencia, que todo lo público sea público. Que todas las reuniones sean públicas, que se asista a todo. Es la única forma de evitar esos arreglos que están hechos a espaldas de nosotros.

Les dejo una canción de Silvio Rodríguez, se llama Canción en Harapos. ¿Qué tiene que ver? Pues habla de la honestidad, de la integridad y de la necesidad de tener siempre un manejo ético de las cosas.

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