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martes, 6 de noviembre de 2007

Offried Hoffe: El arte de plantearse nuevas preguntas


El brillante filósofo alemán Otfried Hoffe está en el Perú y, en entrevista publicada ayer en El Comercio, deja traslucir algunos elementos de su pensamiento innovador. Transcribimos algunos párrafos del diálogo que sostuvo con David Hidalgo:

¿Cómo se interesó en la filosofía?
Desde muy temprano me interesaron las cuestiones fundamentales, tanto en las ciencias naturales como en las sociales. Ya en el colegio estuve interesado en la Teoría de la Relatividad de Einstein y siempre tuve la preocupación de averiguar más. Pronto me interesé en los grandes clásicos. Al principio dudaba de si dedicarme a la física, al derecho o a la filosofía, pero en combinación con la física.

Su colega eslovenio Slavoj Zizek dijo una vez que la filosofía es necesariamente dogmática, que ningún diálogo filosófico ha funcionado
No estoy de acuerdo con eso. Creo que la filosofía es multifacética. Consiste en el arte de plantearse nuevas preguntas o de ofrecer nuevas respuestas a las viejas preguntas (NOTA: Si esto no es innovar, ¿qué será entonces?). La filosofía comienza siempre con el escepticismo; es el primer momento. En un segundo momento, uno se plantea cómo ofrecer respuestas nuevas. Solo a partir de allí se puede decir que hay un rasgo de dogmatismo, pero en el sentido de que uno ofrece ideas que ha reflexionado con seriedad.

Usted analiza en el contexto de la globalización, que es un proceso controvertido por varios frentes.
Lo primero que habría que decir es que la globalización no es un fenómeno meramente económico, y lo segundo, que no comienza en el siglo XX. Ahora, la primera forma de la globalización es la de la comunidad de la violencia, y pienso en la criminalidad, la circulación de las armas, el terrorismo. El segundo sentido es el de la comunidad de cooperación, y allí están los mercados de la economía y del trabajo, pero también de la cooperación cultural. En todo el mundo se estudia una serie de tópicos comunes: la Teoría de la Relatividad, estudiamos a Goethe, Shakespeare o Vargas Llosa, visitamos los mismos museos, todo el mundo aprecia el Cusco. Y el tercer sentido es la comunidad de un sentido común, en el sentido de que todos compartimos la tierra, tenemos los mismos problemas ambientales y por lo mismo podemos reaccionar de manera solidaria.

¿No es mucho optimismo? Por ejemplo, usted ha escrito que el ciudadano global ya existe, que es una realidad, pero el racismo y la xenofobia desalientan a creerlo.
Yo no sé si habría que llamar a esto una visión optimista; más bien se trata de ampliar la perspectiva y observar cuáles son los factores positivos. Tomemos como ejemplo el libro de Samuel Huntington "El choque de civilizaciones". Yo creo que Huntington no describe la realidad o no la comprende. Él ha dividido el mundo en siete u ocho culturas, pero ha realizado una serie de simplificaciones. Se refiere a Latinoamérica como si fuese un bloque completamente adherido a Occidente, pero no percibe su originalidad. Otro tanto ocurre con su percepción del mundo eslavo, porque mezcla la tradición católica con la tradición ortodoxa,pero en verdad hay conflictos entre ambas. Yo creo que hay otros factores de importancia.

¿Cómo cuales?
Por ejemplo, me pregunto si los jóvenes de Lima no tienen más sintonía con los jóvenes de otras partes del mundo que con los de la sierra, con la cultura de los Andes. Eso se percibe entre los jóvenes turcos de la zona de Anatolia. No quiero negar el problema del racismo y la xenofobia, pero es claro que hay una diferencia muy grande entre el nacionalismo de los siglos XIX y XX y la situación actual. En le primero se defendía el racismo de manera oficial y había una intelectualidad que sostenía ese tipo de ideología. En la actualidad ya no es así. Se ha dado un paso adelante.

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