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viernes, 23 de noviembre de 2007

Habla Alva. Los alcances de la corrupción

No dejo de asombrarme con la corrupción a todos los niveles en mi país, en la región, en el mundo. Mafiosos comprobados de la época fujimorista recurren al Poder Judicial de Huaura (un pueblito lejos de Lima, donde sabe Dios qué intereses se mueven y cómo se mueven) para obtener sentencias favorables, todas de un mismo vocal. El dueño de un canal de TV hace un tiempo impone acciones de amparo en un juzgado de Carabayllo (uno de los distritos más pobres de Lima). En Argentina, se encontró a una ministra con una cifra exorbitante de dinero “olvidado” en un baño. Más casos de resonancia sin duda encontraremos en cada parte de la región.

¿Cuál es el problema con la corrupción? Que nos acostumbra de mala manera a que las cosas se consiguen por los medios inadecuados. EN un sistema corrupto, el desarrollo no es posible, la innovación tampoco. Imaginemos una sociedad donde para acceder a los principales servicios como agua, luz, educación, haya que pagar a los funcionarios públicos para “acelerar” los trámites. Cuánta gente que dispone de menos de lo necesario se queda fuera del sistema porque no puede pagar la coima.

Es decir que la no inclusión se agrava mucho más con un sistema corrupto. La corrupción, por pura lógica, excluye, saca, quita oportunidad a los que menos tienen. Entonces es seriamente un problema. Pero, ¿de qué magnitud hablamos?

Existen mediciones de este fenómeno a nivel mundial y a nivel Perú. Transparencia Internacional tiene al menos dos estudios que son interesantes de analizar. Los estudios, que son del año 2006, los pueden encontrar en su web. Y acá les contaré algunas cosas sobre ellos.

En primer lugar se cuenta con el Barómetro Global de la Corrupción, que es una encuesta que se hace en muchos países donde se evalúa las principales sensaciones que hay sobre la corrupción a nivel global y por regiones. Este informe nos muestra que:

La población considera que los gobiernos no están siendo eficaces para combatir la corrupción. Es más, algunos ciudadanos piensan que los gobiernos fomentan la corrupción.

Los partidos políticos y los parlamentos son considerados las instituciones políticas más corruptas a nivel agregado.

Los sobornos serían una práctica común, especialmente a la policía (en África y América Latina). En el Perú el 21% de la población señala que ha pagado algún soborno en los últimos 12 meses. En este indicador, sólo somos superados en la región por Bolivia, República Dominicana, México y Paraguay. El promedio regional es de 17%.




Adicionalmente, tenemos el Corruption Perception Index, que indica el grado de corrupción del sector público. Es un índice que agrupa a todos los países del mundo, que va desde 0 (muchísima corrupción) a 10 (nada de corrupción). Los resultados, de fines del 2006, nos muestran que:

Nueva Zelanda, Dinamarca y Finlandia son los países menos corruptos. Singapur y Suecia están en un segundo lugar (todos estos países con un indicador superior a 9).



En América Latina, el primer país es Chile, en el puesto 22, con un índice de 7.0. Le sigue Uruguay en el puesto 25, con 6.7 de índice.

Perú comparte el puesto... ¡72! Con un índice de 3.5, con países como China, India, México, Brasil, Surinam y Marruecos.
Haití, Irak, Somalia y Myanmar (mucho gusto), son los últimos en el ranking, con índices de 1.6 o menos.


Pero si queremos conocer más de la corrupción en el Perú directamente debemos acudir a un informe colgado en la página de Proética y que es al encuesta sobre la corrupción que cada dos años realiza IPSOS Apoyo Opinión y Mercado. En esta encuesta podemos encontrar información muy valiosa sobre la magnitud de la corrupción en la vida cotidiana de nuestra ciudadanía. Allí se conoce que:

La corrupción es uno de los principales problemas del país, además con una tendencia al alza desde el año 2002 (suben corrupción y delincuencia, habla Alva), Pero además, se considera como un problema grave o muy grave, tanto como la pobreza o la delincuencia. De la misma forma 8 de cada 10 peruanos tenemos claro que el país es un país corrupto o muy corrupto.

Los ciudadanos del Perú consideran que la corrupción es el principal problema del Estado peruano. Dentro de sus instituciones, son el Poder Judicial y la Policía Nacional las más corruptas a los ojos de la gente.

Dos terceras partes de los peruanos consideramos que hay muchas probabilidades de sobornar a un policía o a un juez. Mientras que el 40% no confiamos en ninguna institución como capaz de luchar contra la corrupción.

Los trámites con mayor incidencia de coimas o sobornos (“mordidas” por si algún amigo mexicano nos lee) son: pagar o arreglar multas de tránsito, efectuar una denuncia en alguna comisaría (pa la gaseosa pe varón), recuperar un auto del depósito o hacer trámites en un juzgado.


Es decir, el panorama se ve feo. Estos estudios nos dicen en el fondo dos cosas: que la corrupción es un problema endémico, estructural y asentado en las formas de entender nuestras sociedades, y por lo tanto existe la necesidad de enfrentarla a través de políticas de Estado realmente efectivas (habla Alva). Pero también, que la corrupción es un problema que se vive día a día, al cual nos enfrentamos permanentemente, y por lo tanto también depende de nosotros el poder cambiar este panorama.

Recuerdo alguna vez que paseando en familia a mi papá lo pararon por pasarse una luz roja. Lo había hecho. Entonces, el policía se acercó al automóvil, pidió los papeles y se puso a conversar en un lenguaje que a todas luces dejaba entrever su intención de que le colaboremos con alguna actividad para así evitarnos el problema generado por la papeleta. Pues mi padre se hizo el desentendido y le pidió al policía que le pusiera la papeleta. Frente a esto, el policía, sin entender qué pasaba, le dio pase libre y le dijo que tuviera más cuidado la siguiente vez. Es decir, sin coima, para qué se iba a tomar el trabajo de hacer una papeleta. De locos, ¿no?

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